Usando este imperativo en latín, el ceremoniero pontificio ordenara a todos los que no son parte del colegio cardenalicio abandonar la Capilla Sixtina para que los señores Cardenales den inicio a las votaciones. Sin embargo, horas antes se habrá ya celebrado la Misa Pro Eligendo Pontifice, es decir, «Por la elección del Romano Pontífice». Es con esta Eucaristía que se da comienzo a lo que conocemos como el «conclave», palabra derivada del latín «cum clavis», es decir, «bajo llave».
El conclave más corto de la historia ocurrió en 1503, cuando los cardenales electores solo duraron 10 horas para elegir a Pablo III, mientras que a finales del siglo XIII aconteció el conclave más largo hasta el día de hoy. Duro más de 33 meses y no fue hasta que los habitantes del pueblo de Viterbo, en Italia, encerraron a los cardenales bajo llave, que poco después Gregorio X se convirtió en el Sucesor de San Pedro.
De este último episodio deriva el término «conclave» que hoy día usamos para describir el proceso mediante el cual se elige al Sumo Pontifice. El proceso es regido por el Código de Derecho Canónico al igual que por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis.
El conclave que elegirá al Papa número 267 está compuesto por 135 cardenales electores, de los cuales 133 entraran en la Capilla Sixtina; la mayor cantidad en la historia de la Iglesia. Rodeados por los frescos de los artistas más destacados del Renacimiento y bajo la mirada de Cristo en el Ultimo Juicio de Miguel Ángel, los hombres encargados de elegir al nuevo Sucesor de San Pedro darán su voto individualmente de la siguiente manera: «Invoco a Cristo el Señor, que me juzgará, por testigo de que mi voto se da a quien, según Dios, creo que debe ser elegido».
Este será un conclave histórico por muchas razones. Muchos países cuentan con un cardenal-elector por primera vez en su historia mientras que otras sedes, tradicionalmente cardenalicias, como lo eran Paris y Milán, no estarán representadas en la elección del nuevo Papa por primera vez en más de 100 años. Sin duda alguna el hecho de que muchos de los cardenales sean tan jóvenes también trae una perspectiva nueva a esta asamblea sacra.
Gran parte de los cambios en el Colegio Cardenalicio se deben a la intervención del Papa Francisco ya que 4 de cada 5 cardenales-electores fueron creados por el durante sus 12 años como jerarca de la Iglesia Católica.
Sea cual sea el resultado, de una cosa podemos estar completamente seguros: el próximo hombre que salga en la logia central de la Basílica de San Pedro será el Vicario de Cristo. Por ahora lo único que podemos hacer es acompañar a los cardenales-electores con nuestras oraciones para que sean dóciles a la acción del Espíritu Santo y actúen de acuerdo a la voluntad de Dios.
Veni, Sancte Spiritus!
