Parroquia Nuestra Señora Reina de la Paz — Branchville, NJ
Durante el tiempo de Navidad, la comunidad hispana de la Parroquia Nuestra Señora Reina de la Paz vivió intensamente la Novena de Navidad, celebrada —según la tradición— en los hogares de los feligreses. Cada noche, a las 7:00 p.m., una familia distinta abría las puertas de su casa para recibir a la comunidad, que, aun en medio del frío y la nieve, se reunía para cantar villancicos, rezar y prepararse espiritualmente para el nacimiento del Niño Jesús. La oración concluía con un momento de fraternidad y compartir, acompañado por los tradicionales tamales.
Estas novenas se convirtieron en un verdadero signo de comunión. En un ambiente distinto al del templo, los fieles pudieron compartir la fe de manera cercana, conocerse mejor y fortalecer los lazos que los unen como familia parroquial. El padre Lisabet acompañó cada noche estos encuentros, animando la oración y la vida comunitaria.
Para muchas familias, la novena fue también una ocasión privilegiada para transmitir la fe y las tradiciones a los niños. Evelin Marines, quien participó por primera vez en las posadas y novenas, expresó: “Es algo muy hermoso, y sobre todo mantener las tradiciones con mis hijos para que conozcan nuestra cultura hispana y sepan de dónde son sus raíces.” Por su parte, Velquis Alvarado compartió la alegría de recibir la novena en su hogar: “Tuve la oportunidad de recibirlos en mi casa. Me gusta mucho la convivencia entre todos los hermanos de la Iglesia y cómo los niños se involucran y participan de esta bonita experiencia.”
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Desde una vivencia marcada por la memoria y la identidad, Milena Avilez comentó: “Soy colombiana y viví esta experiencia en mi país. Tenerla aquí es como volver a recordar mis raíces. Hemos creado una bonita familia y esta es una oportunidad para compartir más.” En la misma línea, Brenda Sánchez afirmó: “Nuestras puertas siempre han estado y seguirán abiertas para Dios y la Virgen, porque es un camino de reafirmar nuestra fe.”
El matrimonio de Gabriel y Gabriela Villa señaló: “La novena significa tradición, acercamiento, convivencia, hermandad y unión con la comunidad. Recibirlos en nuestra casa es compartir la alegría de nuestros corazones y servir al prójimo con humildad.” Leonor y Gustavo destacaron que esta experiencia trae consuelo, paz y fortaleza en la fe, permitiendo que Cristo actúe con su misericordia en la vida de cada familia.
Finalmente, Belkis y Elder compartieron con gratitud: “Ha sido una bendición tener la posada en nuestro hogar. Es hermoso ver a toda la comunidad reunida y a los niños aprendiendo sobre la fe, con paz en el corazón.” La comunidad también celebró la Novena a la Virgen de Guadalupe, como preparación espiritual para vivir con mayor profundidad el misterio de la Navidad.
Ciertamente, la Novena de Navidad fue mucho más que una costumbre. Vivida noche tras noche, se convirtió en un camino de oración, compromiso y fe compartida, una espera confiada que preparó a la comunidad para celebrar el nacimiento del Emmanuel, Dios con nosotros, que entra y permanece cuando se le abren las puertas del corazón y del hogar.
