CIUDAD DEL VATICANO (CNS) — Cantar e interpretar música durante la liturgia es una parte integral y necesaria de la celebración, lo que significa que es mucho más que un “adorno”, afirmó el Papa León XIV.
“En la liturgia, cantar y tocar significa rezar, sintonizando el propio corazón con el de las hermanas y los hermanos y con Dios, en la participación activa en el misterio celebrado”, señaló durante su discurso en la audiencia general en la Basílica de San Pedro el 19 de agosto.
Lejos de ser meramente decorativa, por lo tanto, la música sagrada es “un tesoro de profundo valor. Siempre debe ser digna, inspirarse en la Sagrada Escritura y reflejar la grandeza del misterio celebrado”, agregó el Santo Padre, en sus comentarios en inglés.
Durante la audiencia, el Papa también invitó a todos los católicos a cultivar continuamente “una auténtica conciencia de la paz”.
“Que reconozcan sinceramente que la paz es un don precioso y grandioso, y que requiere un compromiso firme y constante para lograrla, siguiendo con honestidad y veracidad los caminos que la construyen y la sostienen en la sociedad”, dijo en italiano.
En su catequesis principal, el Papa León continuó su serie de charlas sobre el Concilio Vaticano II, centrándose en la importancia de la música sacra tal como se describe en la constitución del concilio sobre la liturgia sagrada, “Sacrosanctum Concilium”.
“De hecho, cantar y tocar un instrumento musical son actos de oración”, dijo a los angloparlantes al leer su resumen en inglés. “La música, por lo tanto, fomenta nuestra unidad al alabar a Dios y abre nuestros corazones para que sean moldeados por su gracia”.
El texto del concilio “confirma y profundiza en la función ministerial de la música en la liturgia, ya resaltado por San Pio X” en 1903 con su documento “Tra Le Sollecitudini” (“entre las preocupaciones”), señaló el Papa León en su discurso principal en italiano.
Los Padres conciliares reconocieron que, por lo tanto, son necesarios “algunas exigencias”, siendo la primero de ellas la necesidad de “responder en todos los niveles a lo que resulta más adecuado para el momento de la celebración”, más allá de las modas o de las sensibilidades particulares de los compositores, señaló.
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“La forma, especialmente en su aspecto melódico, debe ser a la vez noble y sencilla, de alta calidad musical y fácil de ejecutar, sobretodo cuando está destinada a ser cantada por toda la asamblea”, agregó, refiriéndose a las enseñanzas del documento conciliar.
El concilio recomendó que “los textos también sean adecuados, profundos y, al mismo tiempo, simples de comprender, inspirados principalmente en la Sagrada Escritura, en los libros litúrgicos y en la Tradición espiritual de la Iglesia”, para que “la ley de la oración”, que es también “la ley de la fe”, se mantenga viva y crezca dijo el Papa.
“‘Sacrosanctum Concilium’ dedica mucho espacio al tema de la participación activa de los fieles”, porque se hace hincapié en fomentar una “mayor toma de conciencia del misterio que se celebra y de su relación con la vida cotidiana” en un “espíritu de conversión constante”, dijo, citando al Papa Benedicto XVI.
Cada ministro y miembro de los fieles está llamado a desempeñar las funciones que le corresponden en un “equilibrio armonioso entre los distintos ministerios, las diversas intervenciones y los momentos de silencio”, agregó.
El concilio concede “gran importancia al canto gregoriano, sin excluir de la celebración otros géneros de música sagrada”, así como al órgano, señaló. Se permite el uso de otros instrumentos siempre y cuando sean aptos para el uso sagrado “y contribuyan realmente a la edificación de los fieles”, añadió, citando “Sacrosanctum Concilium”.
Dado que la inculturación formaba parte de la reforma del concilio, incluso en el ámbito de la música sacra, los Padres conciliares subrayaron la importancia de tomar en seria consideración las tradiciones musicales de las diferentes culturas, haciendo todo lo posible por promover la música tradicional.
Se debe fomentar la formación y la práctica de la música sacra en los seminarios, noviciados y otras instituciones católicas, señaló, mientras que los compositores de música sacra deben “conocer y preservar el patrimonio musical de la Iglesia”.
Para garantizar la dignidad y excelencia de las nuevas composiciones, estas deben estar “al servicio de la liturgia, , respetando la sensibilidad contemporánea y las diferentes tradiciones culturales, de modo que ‘purificar el culto de impropiedades de estilo, de formas de expresión descuidadas, de músicas y textos desaliñados, y poco acordes con la grandeza del acto que se celebra, para asegurar dignidad y bondad de formas a la música litúrgica’”, afirmó el Papa León, citando el documento de San Juan Pablo II de 2003 sobre música sacra.
“Queridos hermanos y hermanas, los Padres de la Iglesia concedieron gran importancia al canto litúrgico, símbolo de la comunión eclesial”, dijo el Papa León, pidiendo, como decía San Ignacio de Antioquía, que “cada uno de vosotros también se convierta en coro, a fin de que, en la armonía de vuestra concordia, toméis el tono de Dios en la unidad, cantéis a una sola voz por Jesucristo al Padre”.
